La Iglesia Venezolana en la actualidad procura convivir con un proyecto político, que le es extraño desde muchos puntos de vista. El modelo socialista, de amplio debate en otras latitudes, y que ha sido atacado tradicionalmente desde las trincheras de la jerarquía eclesiástica, se ha convertido en la bandera ideológica del actual Gobierno, lo que ha generado un extraño clima alrededor de quienes hacen Iglesia en nuestro País. Atrás ha quedado la Iglesia que en la década de los 60 y 70 emprendía el camino de la promoción popular; para dar paso a una Iglesia ajena para muchos Católicos Venezolanos. Una Iglesia que enfrenta graves limitaciones, entre las que destaca principalmente , la ausencia de una visión orgánica del país como realidad histórica y cultural, lo que se ha traducido en una falta de conciencia que permita el desarrollo de una verdadera Iglesia local.
Un modelo de Iglesia local, que al querer adquirir dimension real, corre el riesgo de enfrentar temas sensibles para el pueblo católico, y al igual que la malentendida teología de la liberación puede recorrer caminos tortuosos que en algún momento desdibujen la propuesta original. Entender la visión de Dios en el contexto latinoamericano ha permitido reinterpretar la historia de la salvación a la luz de los hechos históricos que han marcado el desarrollo de un pueblo oprimido en la mayoría de los casos. Son distintos los eventos asociados a esta opresión, sin embargo la influencia de los factores socioeconómicos, políticos e incluso culturales, han determinado el comportamiento de los distintos estratos sociales en el ámbito de este continente.
Para el pueblo Católico Venezolano los cambios que se han suscitado en la Iglesia de Latinoamérica, no le son familiares, pues ante la caracterización de país petrolero que se manejo durante los años 70, período de gran proyección para la visión liberadora, Venezuela ante la avalancha de ingresos extraordinarios permaneció como simple espectadora ante los profundos cambios que se escribían en la teología del Continente.
Esta situación no difiere mucho en la actualidad, pues la Iglesia Venezolana se encuentra en una escenario difícil, mas no comprometedor; pero que adquiere matices serios en especial por la actuación de algunos sectores de la Conferencia Episcopal, desde donde se ha hecho abierta oposición a las pretensiones del Gobierno de establecer un nuevo modelo político: el Socialismo del Siglo XXI. Otro aspecto que merece destacarse, es el creciente ambiente secular que rige las relaciones en la sociedad moderna, y que mas allá de las aventuras políticas, es amenaza para cualquier Religión. Ya Pedro Trigo planteaba en 1998, refiriéndose a la Iglesia Venezolana de finales del siglo XX: “La Iglesia establecida es una Iglesia clerical. Esta se ha conducido a la homologación estructural con las demás instituciones del sistema: una institución que se siente a sí misma como pública, y que se siente obligada a ocupar toda la geografía nacional”; y lamentablemente este modelo, no ha variado significativamente.
Esto refleja el sentido de la institución eclesiástica, concebida como las otras del sistema, donde se instauran relaciones verticales y unidireccionales con los cristianos. Deja de ser una Iglesia de hermanos, para convertirse en una Iglesia clerical, basada en la separación institucional de clérigos y laicos; la Iglesia que se creía superada por el Concilio Vaticano II. ( Fin de I entrega).